top of page

El k-pop no pide permiso: lo conquista todo

  • Foto del escritor: ESZNA
    ESZNA
  • 27 ene
  • 3 Min. de lectura

Barcelona, Cataluña

BTS para Variety. Fotografía: Hong Jang Hyun
BTS para Variety. Fotografía: Hong Jang Hyun

Texto: Marina Vera


Seguramente ya has oído hablar de BTS estos días, ya sea porque has escuchado el revuelo que han provocado las entradas de su último tour o porque tú misma estabas en primera línea de guerra, móvil en mano y corazón acelerado, intentando conseguir un asiento en alguno de esos estadios.


O quizá todavía no entiendas del todo qué pasa con este grupo, o incluso con el k-pop en general. Al fin y al cabo es música pop, pero en coreano, ¿verdad? Para las fans de este fenómeno, esto va mucho más allá que canciones en un idioma diferente y grupos etiquetados como “sobreproducidos”. Por eso vengo a daros un pequeño resumen para que, como mínimo, estéis informadas y nos os sintáis fuera de la conversación. Y si encima os entra el gusanillo de escuchar algún grupo, mejor todavía.


El k-pop nace en Corea del Sur, sí, obviamente. Pero bebe de influencias globales: pop occidental, hip-hop, R&B, electrónica e incluso rock. La diferencia está en la presentación y cómo se vive. No hablamos solo de música de fondo, sino de universos completos: conceptos visuales, narrativas que cambian en cada comeback, coreografías milimétricas y una conexión constante entre artistas y fans. Los grupos no aparecen de la nada, ya que detrás de cada debut hay años de entrenamiento en canto, baile, idiomas y presencia escénica. Vamos, como un Operación Triunfo pero el doble de exigente y sin saber cuándo (o si) vas a salir. 


Blackpink ensayando pre-debut. Fotografía: Netflix
Blackpink ensayando pre-debut. Fotografía: Netflix

Esto no lo hace artificial, como muchas veces se dice. Al contrario: el nivel de implicación y trabajo es tan alto que el resultado se siente pulido, pero también profundamente humano. Hay historias de superación, amistad, de presión y crecimiento personal que conectan con una generación acostumbrada a mirar más allá del producto final.


Porque el k-pop entiende muy bien a su público, las fans no son consumidoras pasivas. Participan, opinan, crean teorías, editan videos, traducen contenidos y construyen comunidades globales. Da igual si estás en Seúl, Barcelona o cualquier otro punto del mapa: internet ha convertido el fandom en un lugar compartido. Además, los idols se muestran cercanos. A través de directos, vídeos, reality shows y redes sociales, el público ve el proceso y forma parte de todo lo que pasa detrás de las cámaras. Esa vulnerabilidad es clave para entender el impacto emocional que genera.


Puede que esto suene a otro idioma, y no solo por el coreano. El k-pop tiene su propio vocabulario. Si alguna vez has interactuado con una fan del género, habrá cosas que no entiendas. Como por ejemplo, "debut": es el momento en el que un grupo o solista se presenta oficialmente al público. Comeback, en cambio, se refiere a cada lanzamiento de música nueva, normalmente con un concepto distinto. Luego hay términos como bias o bias wrecker: tu miembro favorito del grupo, o el que amenaza constantemente en destronar a tu bias. Spoiler: todas tenemos más de uno. Y, por supuesto, el fandom. Comunidades con nombre propio (ARMY, Carat, Blink…) que muchas veces acaban siendo parte de tu círculo más cercano, incluso familia


Seventeen en su concierto en Seoul. Fotografía: Pledis Entertainment 
Seventeen en su concierto en Seoul. Fotografía: Pledis Entertainment 

¿Que está sobreproducido? Es una crítica habitual, pero bastante simplista. Sí, hay planificación, inversión y mucha estrategia. Eso no elimina la autenticidad. Muchos artistas participan activamente en la composición y puestas escénicas, escriben letras personales y usan su música para hablar de salud mental, presión social, identidad y amor propio. El k-pop no pretende ser improvisado: apuesta por la excelencia. Y su impacto va mucho más allá de la música. Influye en la moda, belleza, lenguaje y en la forma en la que entendemos el fanatismo. Ha abierto la puerta a que artistas no angloparlantes lideren listas internacionales y llenen estadios sin necesidad de adaptarse completamente al mercado occidental


Quizá no sea tu estilo, o todavía no hayas encontrado el grupo que te haga clic. Pero una cosa está clara: el k-pop ha llegado para quedarse. Y entender por qué conecta con millones de personas en todo el mundo es también una forma de entender la cultura pop actual. Así que la próxima vez que veas a alguien madrugando para comprar entradas o emocionándose por una photocard (esta os dejo que la busquéis vosotras), ya sabrás que no solo se trata de una canción en coreano. Es toda una experiencia.

Comentarios


© 2025

bottom of page