Aprender a soltar: el legado de "Eternal Sunshine"
- ESZNA
- hace 5 horas
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Texto: Marina Vera
Barcelona, Cataluña

Todas hemos pasado por una ruptura que cambió nuestra percepción del amor, por una amistad que se rompió y dejó huella. O, simplemente, por una etapa oscura en la que un álbum se convirtió en refugio. Para mí (y para muchas), ese fue Eternal Sunshine. Más en concreto, su versión deluxe.
El 28 de marzo se cumplió un año desde que Ariana Grande le puso la guinda al proyecto con una edición extendida en la que se mostró aún más honesta y transparente con nosotras.
Entre el rodaje de Wicked y rumores que, como siempre, se quedarán en eso —rumores—, Ariana escribió sobre uno de los sentimientos más universales: el desamor y el proceso de reencontrarte contigo misma después de perderte en alguien más. Con el deluxe no solo amplió el álbum, sino que nos regaló una segunda parte de su duelo, aportando más claridad, más madurez y, en cierto modo, un cierre. Especialmente en past life, donde decide dejar atrás tanto a la persona como ese sentimiento de incertidumbre y dolor dejando claro que el amor propio está por encima de todo lo demás.

Eternal Sunshine es un trabajo tan cohesivo y completo que podría considerarse, sin exagerar, el mejor de su carrera. Como mínimo, es el más honesto hasta la fecha. Se podría hablar de sus vocals impecables o de su producción etérea, pero este álbum va mucho más allá de lo sonoro. Es una carta abierta, una dedicatoria no solo a sí misma, sino también a todas las que alguna vez se perdieron en el camino y lograron encontrar la luz al final del túnel.
A todas las que hemos amado, quizá demasiado, o a quien no se lo merecía. A las que nos quedamos cuando deberíamos habernos ido. A las que seguimos esperando un amor que esté a la altura del que damos. A las que aprendimos, a veces de la peor manera, que marcharse también es un acto de amor propio. Que soltar no es perder, sino volver a elegirse.
Como homenaje a Eternal Sunshine of the Spotless Mind, una película que siempre será especial para nosotras, el álbum nos recuerda que, aunque borrar a alguien de la memoria suene tentador —por favor, decidme dónde hay que firmar—, nuestro pasado es lo que nos construye. Cada recuerdo, incluso los que duelen, forma parte de quien somos hoy. Como dice Ariana: “I’m still the same, but only entirely different”. Seguimos siendo nosotras, aunque transformadas. El dolor nos cambia, pero no nos borra. Y hay algo profundamente reconfortante en saber que nunca perdemos del todo a la persona que fuimos y como afirma en el título de su cortometraje para la versión deluxe: nos esperan días mejores.

Y aunque este álbum merecía arrasar en los Grammys, la realidad es que los premios nunca han sido capaces de medir el verdadero impacto de un proyecto tan inmenso. Porque Eternal Sunshine no solo dejó huella a nivel cultural, sino, sobre todo, emocional. Y eso no se puede medir en estatuillas.
Volver a este álbum un año después es como abrir una herida que ya no duele, pero que aún late. Puede que siga latiendo toda la vida. Puede que sea eterna. Pero, de alguna manera, eso lo hace aún más especial. Porque, al final, hay álbumes que se escuchan y otros que se viven. Y este, sin duda, fue uno de ellos. Gracias, Ariana.



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