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"Die My Love": un puente entre la psicosis y la verdad

  • Foto del escritor: ESZNA
    ESZNA
  • 30 oct 2025
  • 3 Min. de lectura

Barcelona, Cataluña


Texto: Adriana Agudetse


Me resultaría difícil definir Die My Love, tal y como explicar la sensación que dejó en mí al abandonar la sala del cine. La cinta, escrita y dirigida por Lynne Ramsay y producida por Martin Scorsese, sigue a Grace (Jennifer Lawrence) y Jackson (Robert Pattinson), quienes se acaban de mudar a un pueblo de Montana para empezar una vida juntos. Desde el inicio de la película, entrevemos ciertas grietas en su relación, pero esta no es una historia sobre cómo dos jóvenes ilusionados se desenamoran con el tiempo. Es mucho más que eso.


La directora nos adentra en un entorno rural, en una casa antigua apartada de todo y de todos. Los únicos que parecen estar cerca son la madre de Jackson, Pam, quien se acaba de quedar viuda, y un misterioso motorista interpretado por Lakeith Stanfield. Ramsay hizo un trabajo excepcional seleccionando este escenario para llevar a cabo la acción principal, pues no es de extrañar que un personaje como Grace, que acaba de dar a luz por primera vez en su vida, se vaya enredando más y más en una espiral interna. Mientras Jackson va a trabajar todos los días, ella se queda en casa cuidando del bebé, luchando por mantener la cordura sin amigas, sin familia, sin nadie. A medida que Grace se sumerge en la psicosis, aumenta la sensación de ambigüedad entre realidad y ensoñación, lo que es imaginado y lo que no.


Fotograma de Jennifer Lawrence en Die My Love (Mubi)
Fotograma de Jennifer Lawrence en Die My Love (Mubi)

Si, como yo, vas a la película sin querer saber más de la cuenta, puedes pensar que vas a ver algo similar a Historia de un matrimonio. En su lugar, nos encontramos frente a un retrato de las realidades de la depresión posparto, sin edulcorar. Puede que resulte desagradable en ocasiones, pero tal vez deba serlo. No se habla lo suficiente de esta condición, que pasa tan desapercibida por muchos como las madres. La crisis de identidad que experimenta Grace está entre los síntomas más leves; ella, que soñaba con escribir “la gran novela americana”, responde indiferente cuando Pam le pregunta cómo va la escritura. Le cuenta como si hablara del clima que no puede escribir, que ya no sabe cómo.


Precisamente, uno de los aspectos más entrañables a mi parecer es la relación entre Grace y Pam. Ellas son, en cierto modo y con sus respectivos contextos, mujeres rechazadas por la sociedad. La madre de Jackson, sin serlo, es lo más parecido que tiene Grace a una amiga y aunque quizá no habría elegido su compañía, no hay mal que por bien no venga. Pam parece entender a Grace mejor que su propio marido y no es casualidad que así sea: al fin y al cabo, ella también es madre.


Jennifer Lawrence y Sissy Spacek en la película (Mubi)
Jennifer Lawrence y Sissy Spacek en la película (Mubi)

Conmueve también la escena en una fiesta de cumpleaños, donde otra madre le dice a Grace que debe ser muy conveniente lo de ser escritora, que lo puede hacer tranquilamente desde casa mientras cuida a su hijo, Harry. Es una forma tan casual como perversa de minimizar ambas cosas: suponer que ni la escritura ni la crianza son trabajos lo suficientemente demandantes.


La película nos lleva en un viaje donde todas las decisiones sónicas, ya sean diegéticas o extradiegéticas, tienen un porqué: estén cantando, bailando o guardando silencio, todo está pensado para incrementar la tensión y todo tiene un motivo. Grace y Jackson no pueden escapar del otro ni de sí mismos, cierto. A su vez, generalmente, el segundo mantiene una tranquilidad que resulta frustrante.


Robert Pattison en la película (Mubi)
Robert Pattison en la película (Mubi)

La fuerza arrolladora de la película, sin duda, es Lawrence, quien brinda una sensibilidad y humanidad remarcable a su personaje en una de sus mejores interpretaciones hasta la fecha. Haga lo que haga y diga lo que diga, en el centro de todo, sigues viendo la película porque quieres saber que Grace estará bien. Para fans de su trabajo en El lado bueno de las cosas, recomiendo no saltársela.


Puede que Die My Love no sea una película para todo el mundo, pero si hay algo indiscutible es que no te deja indiferente. Remueve, incomoda, te inquieta y te hace sentir algo aunque quizá no sea lo que querías sentir. Su atmosfera envolvente te obliga a poner tus deseos y expectativas en pausa, a centrarte en lo que estás viendo y prestar atención. Su representación de la salud mental es cruda, pero necesaria. Hará que quieras darle un abrazo a todas las madres que conoces y, quien sabe, tal vez a ti misma también.


Experiméntala en cines el próximo 14 de noviembre.

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