"Valor sentimental" es el abrazo que no sabíamos que necesitábamos
- ESZNA
- 2 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Barcelona, Cataluña

Texto: Adriana Agudetse
“¿Cómo puedes darlo todo y luego quitarlo todo?”. Esta es una de las preguntas que plantea la película. Y es que, sin importar los detalles, todo el mundo puede conectar con las heridas inherentes a un amor condicional, a experimentar un vínculo inestable que transforma quién eres. Valor sentimental de Joaquim Trier, ya aclamado por su premiada La peor persona del mundo (2021) funciona como cinta intimista sobre las heridas de la infancia y cómo estas salen a la superficie en nuestra adultez.
El filme sigue a Gustav (Stellan Skarsgård) y Nora (Renate Reinsve), padre e hija, director y actriz. Escritor y musa. Aunque debería unirlos su amor por el arte, Nora resiente a su padre por abandonarla a ella y a su hermana (Inga Ibsdotter Lilleaas) después del divorcio con su madre. Tras la muerte de esta, Gustav reaparece con una propuesta insólita: ha escrito una película por primera vez en años y está convencido de que solo Nora puede hacer el papel protagonista. Para más inri, quiere rodarla en la casa donde se criaron (una casa que, ya veremos, es un personaje más en la historia).

Como cabría esperar, Nora se niega. Es una elección que va más allá del orgullo, aunque este pueda ser un factor presente. Lo dice una y otra vez: no puede trabajar con su padre porque no pueden hablar. No sabe cómo comunicarse con el hombre que se ausentó cuando más lo necesitaba, que aparece y desaparece como si de un holograma se tratara. Nora vive con una ansiedad y tristeza constante de la cual no logra desprenderse ni cuando se sube a un escenario. Reinsve y Trier representan a la perfección el miedo a la intimidad tan palpable en los adultos que no tuvieron un modelo a seguir, que no han aprendido cómo querer y dejarse querer, cómo depender de otra persona.
Cuando Gustav decide seguir adelante con la película, ahora encabezada por la superestrella Rachel Kemp (Elle Fanning), nos adentramos en un juego de metacine donde ni los propios personajes distinguen qué parte del guion sale de la imaginación de Gustav y qué proviene de su recuerdo. Con una fotografía impecable, la historia explora las dinámicas familiares desde un lugar honesto que no busca culpables, sino encender la luz en una habitación a oscuras, aludiendo a la inevitabilidad del trauma generacional. Y es que sí, al final todo tiene que ver con nuestros padres —por mucho que nos fastidie—, y el personaje de Skarsgård también es susceptible a esto.

Resulta difícil describir la precisión con que Trier indaga en el historial de estos personajes, retratando sentimientos de los que quizá no hablamos mucho, porque es difícil. Porque quizá, ver una película que se entiende tan bien a sí misma es menos invasivo que confrontarnos unos a otros. Stellan Skarsgård está tan conectado con la nostalgia de Gustav que podemos entender lo que yace tras sus ojos con tan solo una mirada, compenetrándose a la perfección con una interpretación cruda y honesta de Renate Reinsve. Más allá, todos y cada uno de los actores del reparto te acogen en una experiencia entrañable, pasando por el magnetismo de Elle Fanning y la magia contenida de Inga Ibsdotter Lilleaas.

Inga Ibsdotter Lilleaas y Elle Fanning en la película (Revolutionary / Kasper Tuxen Andersen)
No quiero avanzar mucho más. Confío en que cuando veáis la película, compartiréis la convicción de que a veces las palabras escasean (bastante irónico que lo diga mientras escribo, lo sé). Se lleve o no Trier los premios que, sinceramente, debería llevarse por este filme, ya nos ha hecho partícipes de algo más grande a mi parecer. Y es que a veces es en la especificidad donde encontramos las respuestas que andábamos, sin saberlo, buscando.
Valor sentimental se estrena este 5 de diciembre. Desde ESZNA creemos (sabemos) que no te arrepentirás de experimentarla en cines.




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