top of page

Yo viviría en “La cumbre escarlata” sin importarme los horrores

  • Foto del escritor: ESZNA
    ESZNA
  • 6 nov 2025
  • 4 Min. de lectura

Tudela, Navarra


Texto: Payel Lorente


Indudablemente, Guillermo del Toro se ha convertido en una de las figuras por excelencia del género de terror. Desde El laberinto del fauno (2006), pasando por su galardonada La forma del agua (2022) hasta su próxima adaptación de Frankenstein con Oscar Isaac y Jacob Elordi, el director mexicano presenta a monstruos y seres espeluznantes para hacernos reflexionar sobre la humanidad. Teniendo en cuenta la creciente popularidad actual de lo gótico, hoy quiero reivindicar la inquietante y preciosa obra que es La cumbre escarlata.


A pesar de que muchas consideramos que este es uno de los visionados imprescindibles de la spooky season, su recibimiento en 2015 no fue muy exitoso. La recaudación en taquilla no fue la mejor y, a decir verdad, yo recuerdo estar en el cine y oír comentarios aburridos e indiferentes tras su final. Puedo entender que no estamos ante la típica película de terror, pues no hay gore, sustos memorables ni escenas de acción llenas de efectos especiales. Pero, si prestamos atención, encontramos todos los elementos clave de los desgarradores clásicos góticos como si tuviéramos una joya del pasado a nuestros mismísimos pies.


Situada en la época victoriana, la primera escena ya va directa al grano: el fantasma de su madre le advierte a la pequeña Edith sobre el lugar al que da nombre la película. Años después, la protagonista, interpretada por una brillante Mia Wasikowska (Alicia en el país de las maravillas, Stoker), es una escritora que conoce a un misterioso aristócrata británico (Tom Hiddleston), del que se acaba enamorando. A pesar de la reticencia por parte de la hermana de éste (Jessica Chastain) y de una trágica muerte, ambos se casan y se mudan a una mansión en la zona de Cumberland. ¿El truco? Al territorio se le conoce como “La cumbre escarlata”. Y Edith pronto se da cuenta de que hay muchos secretos escondidos dentro de su nuevo hogar.


Como decía, las piezas encajan a la perfección para conformar un cuento gótico de pura cepa. Edith es una heroína atormentada por los fantasmas, tanto los de su pasado como los que se encuentra por el camino. Además de hacerles frente valientemente, también vive un romance que supone un antes y un después para ella. Por cierto, el interés amoroso no es simplemente un tío guapo que ama a la protagonista. Sin hacer spoilers, vemos que tiene su propia personalidad ambiciosa, sus propios sueños de negocios y sus propios traumas que lo persiguen.


La mansión titular
La mansión titular

La hermosa fotografía por parte de Dan Laustsen, colaborador habitual de Del Toro, es sin duda otro detalle que debo destacar, pero sí algo distingue a La cumbre escarlata de otros trabajos recientes similares, por ejemplo Nosferatu (2024), es sin duda la presencia de la mansión titular como si fuera un personaje más de esta fábula. Tomando influencias de La mansión encantada (1963) y El Resplandor (1980), el escenario tiene una gran relevancia en la narrativa, pues oprime, asusta, contribuye a las paranoias y el director sabe explotarlo al máximo.


Ya puestas, el gran trabajo de vestuario y de banda sonora refuerzan férreamente la atmósfera macabra. Mientras que los atuendos corren a cargo de Kate Hawley y son una de las principales razones por las cuales quiero visitar la exposición de Guillermo del Toro, es el español Fernando Velázquez quien crea las melancólicas nanas y valses. Para las fans y frikis, os cuento que este mismo compositor ha trabajado en varios hitos nacionales, como El orfanato (2007) y Lo imposible (2012).


La exposición "En Casa con mis Monstruos" por SeeTorontoNow
La exposición "En Casa con mis Monstruos" por SeeTorontoNow

Hasta ahora me he enfocado en los aspectos más técnicos de la película, pero a continuación quiero remarcar algo más escondido y sumamente especial: su mensaje. Como dice la propia Edith desde el principio, esta es una historia de fantasmas. Sin embargo, no todos los fantasmas son malos ni todos aparecen debido a tragedias dolorosas. Emulando ideas de las Brontë, Mary Shelley o Oscar Wilde, Guillermo del Toro nos muestra que a veces alguien permanece en nuestra vida especialmente por el gran amor que nos guarda. 


También nos lleva a hacernos varias preguntas a través de las dinámicas entre Edith, Thomas y Lucille, pues, ¿qué pasa cuando quieres tanto a alguien como para cometer atrocidades horripilantes? ¿Y si tus sentimientos son tan fuertes como para perder cualquier noción del bien y el mal? Si algo tiene la literatura del siglo XVIII, es lo grotesco, lo perturbador, lo inmoral. Hoy en día se utiliza demasiado el término de “personajes moralmente grises”, pero desgraciadamente pocos saben reflejar su complejidad y exponer los crudos límites que traspasan.


Debido a los constantes remakes y adaptaciones, por suerte o por desgracia vamos a ver a muchos cineastas tratar de recrear el rollo afligido en el futuro no, Emerald Fennell, Cumbres Borrascosas no es un dark romance. Quizás algunos acierten en la estética, pero creo que hasta la fecha, nadie se ha acercado tanto fundamentalmente a la corriente original como La cumbre escarlata. Como podéis ver, al menos yo no he superado esta película y sigo en el restaurante del género gótico. Sigo en la taberna, se podría decir. Sigo en la posada. Sigo en la mansión. Sigo en la mansión plagada por los horrores. 


Comentarios


© 2025

bottom of page