top of page

Sigo esperando la segunda temporada de High Fidelity cinco años después

  • Foto del escritor: ESZNA
    ESZNA
  • 11 dic 2025
  • 4 Min. de lectura

Barcelona, Cataluña


Texto: Adriana Agudetse


Ya hace más de cinco años que se estrenó High Fidelity en Hulu. Algunos leyeron el libro homónimo de Nick Hornby; otros vieron la peli de los 2000 (con John Cusack, Lisa Bonet y Jack Black), y en mi caso, todas aplican. No obstante, la serie de Zoë Kravitz redefinió la historia de Rob Brooks para siempre.


Hace una semana que la terminé por segunda vez porque me apetecía ver un tipo de serie muy concreta, de esas con antiheroínas que te acompañan cuando te faltan respuestas. Temía que hubiese envejecido mal, pero resulta que es todavía más brillante de lo que recordaba. Por si acaso, te resumo la trama: tras una ruptura que no logra superar, la propietaria de una tienda de vinilos revisita sus relaciones pasadas para intentar entender qué fue mal, todo mientras suena la mejor banda sonora que has escuchado en una serie, así por la cara. En cuanto a “seguir en el restaurante” se refiere, creo que nada encaja mejor en la sección que esto.


No solo se sumaban al reparto futuras estrellas como Jake Lacy (White Lotus) o Da’Vine Joy Randolph (Los que se quedan), sino que durante diez capítulos, la serie nos medio obligaba a conectar con nuestro propio “top” de rupturas más dolorosas, haciendo eco de que a veces las cosas nos afectan más de lo que queremos reconocer, incluso cuando se supone que ya no debería importarnos. Incluso cuando nos molesta que así sea.


Zoë Kravitz y Jake Lacy en High Fidelity (Fotografía: Phillip Caruso / Hulu)
Zoë Kravitz y Jake Lacy en High Fidelity (Fotografía: Phillip Caruso / Hulu)

Aunque las cosas van cambiando, rara vez se ve a una mujer negra protagonizando una comedia romántica como esta, menos aún donde ocupe espacios como los que ocupa Robyn. Tiene una tienda de vinilos, habla de música en exceso y se le permite ser un poco pedante con el tema, tal y como los hombres blancos han hecho desde el inicio de los tiempos. Es más, si Robyn fuera un tío es posible que no le cayera bien a nadie (por eso funciona mejor la serie, en mi humilde opinión), y ahí es donde el carisma de Kravitz entra en acción.


No es por nada, pero si yo fuera nepo-baby, también reviviría la icónica historia de la cual mi madre formó parte para darle mi toque y convertirla en algo casi insólito. No he visto mejor uso del nepotismo en años.


Seamos claras, Rob es un poco tóxica. No sabe lo que quiere, marea la perdiz y tiene que lidiar con las consecuencias de sus errores, pero es justo eso lo que la convierte en una protagonista tan entrañable. Rompiendo la cuarta pared, nos hace partícipes de sus momentos más felices, incómodos y trascendentes, siempre acompañada por sus mejores amigos Simon (David H. Holmes) y Cherise (Randolph), quienes lejos de quedarse en el rol de personajes secundarios, brillan cada vez que aparecen en pantalla.


Hace poco con motivo de mi rewatch, descubrí que la segunda temporada se iba a centrar en el personaje de Randolph, ¡la ganadora al Oscar de Mejor actriz de reparto! La cancelación de la serie fue un robo a mano armada a mis ojos.


Da’Vine Joy Randolph en la serie (Phillip Caruso / Hulu)
Da’Vine Joy Randolph en la serie (Phillip Caruso / Hulu)

Tras haber revisitado la serie, ahora es todavía más especial para mí de lo que lo fue entonces. Tenía veinte años cuando la vi por primera vez. Ahora tengo veinticinco. Y aunque no he rozado aún los treinta como Rob, la entiendo. Incluso cuando la resiento, incluso cuando no la entiendo, la entiendo. La serie retrata de maravilla lo difícil que es aceptar el amor que te ofrecen los demás, por mucho que te lo sirvan en bandeja.


Esta no es una serie sobre los mejores (o peores) ex de todos los tiempos, ni tampoco va sobre una tienda de vinilos de Brooklyn ni sobre tres amigos insufribles que hablan demasiado de música y cultura pop, aunque todo esto sea parte de ello. Es una serie que habla de empezar otra vez, y otra, y otra, y del valor que eso supone.


Fotografía: Phillip Caruso / Hulu
Fotografía: Phillip Caruso / Hulu

Es una serie sobre obsesionarte con el pasado y reabrirlo con un bisturí, y odiarte a ti misma porque no puedes parar aunque sabes que deberías. Es una historia sobre ahorrar para comprarte la guitarra de tus sueños aunque no sepas tocarla, porque quieres creer que un día podrás dar forma a lo que imaginas. Es una historia sobre ser una egoísta pero decidir que ya no quieres ser una egoísta, y es una historia sobre darte cuenta de que has dado algo, o a alguien por sentado y que quizá ya sea demasiado tarde para arreglarlo, pero quizá no.


La vida da muchas vueltas y por mucho que la nostalgia se vista de seda, no es nuestra amiga. Lo único que realmente importa, lo único que podemos controlar es lo que está pasando ahora mismo. Porque estamos vivos. Porque mientras lo estemos, nunca será demasiado tarde. Incluso si la suerte no está de nuestra parte. Incluso si las probabilidades de conseguir lo que nos importa no suben de un simple nueve por ciento (lo entenderás cuando veas la serie).


Aunque el final de la serie no estuviera pensado para ser El Final De La Serie, he llegado a la conclusión de que me sirve. No es un final cerrado, pero puedes intuir lo que pasará después, dónde acabarán los personajes. Es un final agridulce, diferente al que solemos ver en las comedias románticas, pero es realista y esperanzador. Además, nos dejan con I Believe (When I Fall in Love It Will Be Forever) de Stevie Wonder, quiero decirte… No se puede pedir mucho más.


Puede que nunca consigamos esa segunda temporada, pero siempre le agradeceré a High Fidelity el haberme enseñado a quedarme con el nueve por ciento.

Comentarios


© 2025

bottom of page