Gregg Araki y la trilogía del apocalipsis adolescente
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- hace 3 días
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Texto: Armando Arrojo

Pocos directores hoy en día pueden presumir de tener una carrera tan polémica como galardonada mientras se mantienen bajo la sombra del cine independiente estadounidense. Gregg Araki es uno de esos directores.
Araki, cuyas películas son conocidas por el altísimo nivel de violencia, sexo y abuso de sustancias, empezó su carrera profesional desde que terminó la universidad, siendo considerado un pionero del movimiento New Queer Cinema por películas como The Living End (1992), aunque por aquel entonces ya había rodado un par de proyectos de bajísimo presupuesto que trataban estos mismos temas.
Durante mediados de los años años noventa, hizo la que a día de hoy sigue siendo su colección de películas más representativas: La Trilogía del Apocalipsis Adolescente, conformada por Totally F***ed Up (1993), The Doom Generation (1995) y Nowhere (1997). Posteriormente dirigiría películas con moderado éxito comercial como Mysterious Skin (2004) y más recientemente ha trabajado en televisión, dirigiendo episodios de Dahmer - Monster: The Jeffrey Dahmer Story (2022).

Hoy nos centraremos en su Trilogía del Apocalipsis Adolescente, que se comprende de tres películas absolutamente caóticas sobre las vidas de una serie de adolescentes en Los Angeles, de diferentes índoles sexuales y pésimos destinos finales. Resulta imposible tratar de separar esta trilogía de su ubicación en el tiempo, ya que todas ellas están embadurnadas de esa visión tan noventera de la alienación adolescente, el declive cultural de Estados Unidos, el culto a la comida rápida y la amenaza del VIH.
Las películas no están directamente conectadas entre sí, pero comparten ciertos elementos: la música es uno de ellos. Todas las películas están bañadas en shoegaze, rock alternativo y música industrial. Otro de los elementos comunes es James Duval, protagonista de cada una de ellas. Duval, que parece un Keanu Reeves del multiverso de cine de culto, es conocido por ser el muso de Araki, representando a la perfección la mirada de Araki hacia la vulnerabilidad de la adolescencia.
Pero empecemos por el principio: Totally F***ed Up

Su primera película en esta trilogía es básicamente un homenaje y a la vez una especie de remake de Masculin Féminin (1966), de Godard. Pero sustituyendo París por Los Angeles y la música tradicional francesa de Jean-Jacques Debout por el metal industrial de Ministry, entre otros.
Comparten ese tratamiento experimental en la narrativa, dividiendo la trama en capítulos sobre cada personaje, que conectan entre sí de forma intermitente (además de esas entrevistas a cámara al más puro estilo Nouvelle Vague).
Aunque la esencia de la trilogía está aquí, creo que es la más pobre de las tres al atarse a una idea preconcebida. Duval lleva prácticamente todo el peso de la narrativa, mientras que los otros personajes tienen un desarrollo más secundario. La historia sigue a un grupo de adolescentes de la comunidad LGTB que forman una comuna. Prácticamente todos ellos son rechazados por la sociedad de diferentes maneras, pero lo curioso es ver como Araki retrata los ideales de Estados Unidos a través de lo que les ocurre a ellos y no a través de lo que los agresores piensan o dicen.
Un buen inicio que toma sus orígenes en el cine de guerrilla para sentar el tono que vendrá en sus dos próximas películas.
A continuación viene: The Doom Generation
Irónicamente subtitulada como “Una película heterosexual de Gregg Araki”

En mi opinión, su obra magna. Es cruda y atrevida; sigue a James Duval y Rose McGowan junto a Johnathon Schaech en una road movie plagada de violencia y sexo. Las comparaciones con Natural Born Killers (1994) resultan evidentes, ya que se estrenaron prácticamente al mismo tiempo y hablan de temas similares, pero The Doom Generation va mucho más allá.
Desde la secuencia inicial con Heresy de Nine Inch Nails sonando a todo volumen, sabes que esta película no va a pisar el freno en ningún momento. Pronto el viaje se convierte en una odisea punk por la América decrépita dominada por la segunda enmienda, los telepredicadores y los comandos neonazis. Es su película más puramente “género” pero mezcla a la perfección esos elementos con su propio lenguaje.
A partes iguales esperanzadora y pesimista, sobre todo hacia su final. La oda de Araki al libertinaje y sus influencias cinematográficas, desde Kubrick a Darío Argento y pasando por Penelope Spheeris y su documental The Decline of Western Civilization (1981).
¡Ved la versión del director! El corte R-rated elimina muchas de las escenas claves y prácticamente destruye la película. Criterion restauró hace un par de años las tres películas en 4K.
Y por último: Nowhere

El cierre perfecto, su película más “MTV” y la representación perfecta del estilo de Gregg Araki.
El reparto esta vez, aunque de nuevo encabezado por James Duval, es mucho más ecléctico. Desde Heather Graham o Christina Applegate hasta cameos más oscuros como Gibby Haynes de los legendarios Butthole Surfers o una Denise Richards a punto de lanzarse al estrellato.
La variedad en el reparto ayuda a transmitir la idea de pastiche o pop art que Nowhere representa (y que contrasta a la perfección con el subtexto nihilista de la película). Es un óleo de personajes en diferentes situaciones que van convergiendo en lugares concretos con consecuencias inesperadas. Abuso sexual, abducciones alienígenas y sobredosis son algunos de los temas que Nowhere plantea, sin intención de ahondar en ellos sino como condicionantes de la vida de estos personajes. Fue originalmente concebida como el piloto de una serie de televisión, y parte de su grandeza reside en esa idea.

La trilogía ha tenido una especie de “segunda vida” en años recientes, tanto por sus cualidades estéticas y estilísticas como por su mirada hacia el colectivo LGTB y la alienación adolescente, que tanto se ha multiplicado en los últimos años con las redes sociales. Araki me fascina porque no trata la homosexualidad o el lesbianismo como hace la inmensa mayoría de autores hoy en día; cayendo en analogías muy rebuscadas o en activismo barato, sino que simplemente te habla de la vida de estas personas, sin justificar sus actos o ponerles etiquetas. Quizás por ello resuene tanto con muchos jóvenes de hoy en día, que simplemente buscan una representación real en el cine.
Pero esta colección de películas también sirve como modelo de producción de cine independiente; aunque las tres fueron in crescendo en cuanto a presupuesto (sin llegar a ser películas caras, ni mucho menos), todas fueron filmadas con ese espíritu guerrillero de producción, en el que cada departamento se sacaba las castañas del fuego para afrontar sus retos.
Araki, a sus 66 años de edad, estrenará este mismo mes su última película, I Want Your Sex, en el festival de Sundance. Olivia Wilde, Cooper Hoffmann y Charlie XCX conforman el reparto.
¡Estaremos atentos!



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